“El primer paso es no generar el residuo”, afirmó Castillo, al definir el principio rector de esta estrategia: prevenir antes que remediar. Bajo esta visión, detalló, la prioridad de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, es modificar de raíz la manera en que se producen y gestionan los desechos, para construir una capital más limpia y sostenible.
La separación domiciliaria es la base del modelo. El esquema es claro y accesible: los residuos reciclables —papel, cartón, envases de plástico, latas, vidrio y multilaminados—, junto con los no reciclables —sanitarios, pañales, colillas, toallas sanitarias y chicles— se entregan lunes, miércoles, viernes y domingos, en bolsas diferenciadas. Los orgánicos —restos de comida, poda y jardinería— se recolectan martes, jueves y sábados. Se trata, explicó el funcionario, de un sistema “pensado para que cualquier vecina o vecino pueda cumplirlo sin complicaciones”.
La lógica es tanto ambiental como económica. “Si está mezclada, es basura sin valor”, subrayó Castillo. Separar permite recuperar materiales y reincorporarlos al ciclo productivo, darles una segunda vida y reducir el volumen destinado a disposición final. En la planta de Azcapotzalco —fortalecida para optimizar la recepción y clasificación— se procesan alrededor de mil toneladas diarias, lo que incrementa la eficiencia y garantiza el aprovechamiento de reciclables.
La magnitud del desafío es considerable. La capital opera con más de 2,500 camiones recolectores, cada uno con capacidad de entre cinco y seis toneladas. Enviar todo ese volumen directamente a rellenos sanitarios sería, en palabras del director de AGIR, “tremendamente ineficiente y contaminante”. Las plantas de selección hacen posible rescatar materiales que, de otro modo, se perderían por completo.
Castillo enfatizó que el impacto de cada acción individual es acumulativo: “Cada tonelada separada es una tonelada menos de emisiones”. Cuando la ciudadanía participa activamente, el beneficio trasciende lo personal y se convierte en resultado colectivo. “Vivimos en una ciudad amigable con el medio ambiente”, concluyó.
La estrategia forma parte de la apuesta del gobierno capitalino por fortalecer los servicios públicos desde lo cotidiano, impulsar el bienestar común y promover una cultura ambiental que involucre a quienes habitan la ciudad en la construcción de un entorno más limpio y sustentable.