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El hallazgo de otro túnel clandestino en Hidalgo evidencia el problema del huachicol en México

La policía de Hidalgo y la Guardia Nacional han encontrado este fin de semana un túnel clandestino que servía para robar combustible de un ducto de Pemex, la empresa paraestatal de petróleos. Los agentes ubicaron el túnel cuando acudieron a una casa de Cuautepec, cerca ya de la frontera con Puebla, por un reporte de venta de drogas, según ha explicado la Procuraduría General de Justicia de Hidalgo en un comunicado. Cuando revisaban el domicilio, se dieron cuenta de la existencia del túnel y, al bajar a verlo, vieron que el espacio conducía a una tubería de Pemex. Los agentes encontraron una manguera conectada a la tubería.

Es el segundo túnel que las autoridades encuentran en el mismo pueblo de Hidalgo en pocos días. La semana pasada, en un enorme operativo en el que participaron cientos de agentes de diferentes corporaciones, según informó entonces la Procuraduría, los agentes encontraron otro pasadizo subterráneo, de 25 metros de longitud, con dos tomas al ducto de Pemex. En el operativo, los agentes detuvieron a 10 personas y se incautaron de 38.000 litros de combustible. En el túnel, las autoridades hallaron además dos altares a la Santa Muerte.

Como ocurre ahora en Cuautepec y otros pueblos del Valle de Tulancingo, muchos vecinos de la franja del huachicol en Puebla apoyaban a los huachicoleros, organizando bloqueos en caminos y carreteras cuando las autoridades los buscaban, disimulando el tráfico de combustible ilegal y aprovechando su venta, más barata que el que ofrecían en las gasolineras. En la central de abastos de Huixcolotla, en Puebla, la gente iba a comprar verduras, carne, flores… y gasolina.

Amparada en autoridades coludidas y viejos trabajadores de Pemex, dueños de la técnica para hacer los agujeros en los ductos, el huachicol alcanzó su pico a finales del Gobierno de Peña Nieto, con miles de tomas clandestinas en todo el país. Con el cambio de Gobierno, el huachicol quedó señalado como uno de los principales problemas del país. El nuevo presidente, Andrés Manuel López Obrador, declaró la guerra a los huachicoleros y ordenó al Ejército, que ya se había desplegado de manera masiva en Puebla, que controlara la situación en otros estados, caso por ejemplo de Guanajuato.

El número de tomas clandestinas descendió, situación que se mantuvo hasta 2021. No es que el problema desapareciera, prueba de ello fue la explosión de un enganche ilegal en Tlahuelilpan, también en Hidalgo, en enero de 2019, que dejó 137 muertos y decenas de heridos; o el hallazgo de una enorme manguera que sacaba combustible directamente de una refinería de Pemex, en Guanajuato, de manera ilegal. Pero el robo de combustible bajaba y regiones como Puebla o Guanajuato parecían controladas.

Desde entonces, la situación ha vuelto a empeorar. Pemex cuenta un número creciente de tomas clandestinas a sus ductos cada año, con Hidalgo y el Estado de México, estados del centro del país, a la cabeza. Solo el año pasado, Hidalgo registró más de 5.000 enganches ilegales, según números de Pemex. Según el diario Reforma, solo en Cuautepec encontraron 1.188 tomas clandestinas.