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Chillidos de chicharronero

Ayer le contaba que el subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta, inició la semana con este tuit: A chillidos de marrano, oídos de chicharronero. Eso incendió las redes por los hechos del día anterior cuando al llegar al Zócalo los integrantes de la marcha por la justicia y la paz fueron denostados por un grupo que se identificó como morenista.

Al mediodía hablé con él en Radio Fórmula.

—¡Qué pasó subsecretario! —le dije. —Te pasaste.

—No —me dijo—. Los refranes son de origen anónimo y de destinatario anónimo.

—No —le rebatí. Sí son de origen anónimo pero siempre con destinatario —a lo que respondió que lo había hecho a título personal, y entramos en la discusión de si los servidores públicos pueden dejar de serlo para expresar una opinión personal, cuando la responsabilidad oficial es permanente.

Y entramos al tema de la libertad de expresión, uno de los derechos humanos más preciados, pues a través de ésta se expresan ideas, defienden posturas y nutre el debate. Elementos, todos, que dan sustento a una democracia participativa y plural.

Pero la libertad de expresión conlleva, a su vez, responsabilidad, no puede vulnerar derechos ni desatender obligaciones. Se ejerce libremente siempre y cuando se sustente la civilidad y el respeto, sobre todo en el caso de los servidores públicos.

El debate con Peralta no es por la libertad de expresión. El tema de fondo es si un servidor público puede expresarse con faltas de respeto, más en las redes en las que se potencializan, porque dentro de los principios que rigen el servicio público está el conducirse con respeto y el lunes no lo hizo.

Como servidor público tiene dentro de sus funciones contribuir al fortalecimiento de las instituciones democráticas, promover la formación cívica y la participación ciudadana, entre otros.

Esto implica, desde luego, conducirse con respeto a los mexicanos que demandan, por ejemplo, condiciones de seguridad y justicia y a los que el subsecretario Peralta, para mí, no respetó.

Y a los otros, tampoco.

RETALES

1. COMIDA. Suave, tersa, la comida del Presidente con los gobernadores del PRI en Palacio Nacional. Lo tienen en su ADN. Más de uno se aliará a Morena en las elecciones de 2021. ¿Para qué enfrentarlo?;

2. CAPELLÁN. Nadie ha vuelto a ver al padre Solalinde, un sacerdote que por años hizo una extraordinaria labor a favor de los migrantes y ahora se perdió por los pasillos y salones de Palacio Nacional al punto de responsabilizar a los migrantes por provocar a la Guardia Nacional. Nunca lo hubiera creído;

y 3. CIFRAS. El Inegi dará las cifras del crecimiento económico del último trimestre y de todo 2019 que será negativo, -0.1, que contrasta con el 4 original y del 2 por ciento último y oficial. Faltó la inversión que tanto presumieron los empresarios al Presidente.

Nos vemos mañana, pero en privado