El Agua, la Selva, la Vida

Por María Elena Maldonado

Argonmexico / Llevamos días escuchando, viendo, leyendo noticias, publicaciones en las redes sobre la inauguración del AIFA, la central avionera, inútil y obsoleta de López, en nuestro país surrealista, por no llamarlo de inconscientes y agachones sucedió la cancelación de una magnífica obra del tamaño de nuestro país y el estratégico lugar que ocupamos en la geografía del mundo para hacer el ridículo mundial ampliando un aeropuerto militar en el absurdo de “ampliar la degradada capacidad aeroportuaria de la zona metropolitana”. De eso ya se está hablando por todos lados, el costo, la corrupción, la pésima ubicación, falta de viabilidades para llegar e irse, en fin, un proyecto –repito- obsoleto antes de inaugurarse que ya saturo la información, con todo tipo de opiniones, defensas, chistes, críticas y cuanto hay.

También acaba de pasar el Día del Agua, definitivamente por sobrevivencia deberíamos tener presente su cuidado cada vez que abrimos una llave para hacer uso de ella, o al verla correr en ríos, caer en cascadas, observar en los lagos, arroyuelos, ver su vaivén y la grandeza de su fuerza en el enorme mar. En los pequeños, los grandes charcos y líneas de agua que la lluvia provoca, las roturas del drenaje que hay que reportar de inmediato pues su desperdicio y contaminación es un atentado contra la VIDA, así en mayúsculas pues todo lo vivo la requiere para continuar su existir. Sin ella no hay forma.

El cuerpo humano está compuesto en un 60 por ciento de agua, repartido de la siguiente manera: el cerebro se compone en un 70 por ciento de agua, la sangre en un 80 por ciento y los pulmones se componen en un 90 por ciento de agua. Todas las células de nuestros cuerpos se componen de agua.

La Tierra es el Planeta Azul porque la mayor parte de su superficie es agua. Sin embargo, sólo un pequeño porcentaje es apta para el consumo. Es primordial comprender cómo se distribuye el agua y entender por qué es fundamental proteger este recurso tan escaso y vital para el planeta.

Se la empezó a llamar así cuando comenzaron los viajes espaciales, porque los astronautas contaron que ellos, desde sus naves, veían la Tierra como una esfera azul. Las fotografías que se tomaron desde el espacio también muestran que ésa es la tonalidad de nuestro planeta.

“La historia de la Tierra no es una historia hecha a la medida del hombre, quien se limita a arañar en la superficie todo el conocimiento sobre las ciencias de la Tierra y la vida buscando estudiar el planeta que llama su hogar. El planeta Tierra tiene la virtud de albergar vida en su interior, esto le otorga cierta extrañeza entre los demás astros del Universo Observable. El fenómeno de vida compleja se desarrolla a la par que la historia de la Tierra, un planeta extremadamente cambiante. Como entes evolucionados tenemos la capacidad ahora de preguntarnos: ¿Cuánto conocemos de nuestro planeta? ¿Somos los seres vivos catalizadores de los cambios del Planeta Azul, debido a la explotación que hacemos de sus recursos? ¿Está en nuestras manos generar un remedio que no sea peor a la enfermedad?

Teniendo en común con el planeta tener más de la mitad de nuestros cuerpos ocupados por agua, deberíamos tener empatía total con él y realizar cabalmente una armoniosa convivencia. Hablar de agua me obliga a extender obligadamente el tema a toda la naturaleza.

Nos consideramos inteligentes, por encima de todas las especies, con facultades de la mente que permiten aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad. Cada quien concluirán si hemos tratado a nuestra casa la Tierra -el único planeta que tenemos para habitar y obtener de él resguardo, comida y sustento- como seres inteligentes. Yo digo que no y que a pesar de los avisos de los científicos y de la misma naturaleza del cambio climático que ha generado sequias, incendios, huracanes, tornados, climas excesivos con altas y bajas temperaturas, hemos modificado deficientemente nuestras conductas para salvar lo que nos queda y es deficiente pues no hemos mejorado lo sucedido.

Siempre ha habido seres preocupados y ocupados de la defensa de la naturaleza, pero visto el desastre al que la hemos llevado, es obvio que los intereses económicos han estado por encima de la razón de cuidar nuestro hábitat.

Conocemos las consecuencias de nuestros actos, se hacen películas con los desastres que provocaría una guerra nuclear y continúan la creación y las pruebas de estas armas, sabemos el daño que hace el uso de combustibles fósiles y los seguimos usando, contaminamos los cuerpos de agua con desechos químicos, vaciamos en ella los drenajes, desnudando la tierra de su cubierta, árboles vegetación… gente quemando vehículos y llantas para bloqueos, provocando incendios. Tonterías que lastiman el todo de nuestro medio ambiente, una constante de desastres deteriorando nuestro entorno.  Aunque alguien sienta lejana la culpa, todos hemos cooperado en mayor o menor medida, además de la omisión por no detener a los regímenes y las industrias que encabezan la devastación. Aún hay personas que en su casa no separan la basura.

Hoy nuestro país pierde millones de hectáreas de pulmones verdes y en la selva maya peligra el escaso 10 por ciento del total original, debido a las prácticas de desmonte, ganadería y colonización; de ahí proviene la necesidad de conservar y de promover el uso y aprovechamiento sostenible, si lo perdemos, nos vamos con ellos” advirtió la Secretaría del Medio Ambiente en junio del 2020, imaginen lo que desde entonces se ha perdido por las malas prácticas, hoy peor, hoy ya no tenemos ni ese 10 por ciento, el proyecto del tren de López está acabando ahí y en Dos Bocas con su inútil refinería, con miles de hectáreas de los pulmones que atraen la lluvia y generan el oxígeno que requerimos para vivir.  En las entrañas de Tulum se encuentra el sistema de cuevas más grande del planeta, Sac Actún, un tesoro paleontológico donde se han descubierto fósiles de fauna de hace 10 mil años antes de nuestra era, así como restos humanos anteriores a la civilización maya, ahí donde está destruyendo López con sus vías y estaciones. Lo que representa un riesgo para estos sitios de alto valor biológico y patrimonio cultural.