Culiacán, un mes: recuento de daños

Por Jaime Arizmendi

Argonméxico /Ciudad de México.La gente, casi por unanimidad, reclama una estrategia de seguridad, lo mismo que muchos de los mandos e integrantes de las instancias de seguridad que deben aplicarla a nivel federal y estatal.

19 de Noviembre de 2019

No deja de desconcertar la incapacidad gubernamental de autocrítica. A un mes de los sucesos de Culiacán, en su conferencia mañanera, el presidente Andrés Manuel López Obrador en lugar de hacer una reflexión de fondo sobre lo ocurrido, prefirió centrarse en lo anecdótico y arremeter contra los medios, uno de sus adversarios, como él los califica, preferidos por la forma, según la particular visión presidencial, en que atacaron al Ejército.

En realidad la crítica en aquellos días no fue al Ejército, fue al accionar gubernamental, a la falta de información, a la confusión existente, a la ausencia del Presidente, a la forma en que se dejó tan solo al ejército que incluso sobre sus mandos recayó la tarea de informar lo sucedido y hasta los hilos de tiempo, cuando eso debería ser una responsabilidad eminentemente civil, gubernamental.

Nadie en el gabinete quiso asumir esa responsabilidad y se la dejaron al Ejército para que ellos pagaran los costos. Incluso en la información posterior, cuando se difundieron los videos del operativo se pudo observar lo impecable que fue el mismo al momento de la detención de Ovidio, el trato profesional hacia éste y su familia, la forma en que se actuó y se preservó el lugar. Ese capítulo fue irreprochable. Lo que falló fue lo que sucedió en torno al operativo y en las oficinas, muy lejos de Culiacán, donde se tomaron las decisiones.

Los militares explicaron muy bien lo que hicieron y por qué, y la gente lo ha reconocido. El gobierno Federal al día de hoy nos debe una explicación de cómo funcionó la cadena de mando, de qué tanto supo o dejó de saber el Presidente, quién dio las órdenes sobre el operativo y la retirada.

Esas explicaciones son las que se han demandado desde los medios, donde el Ejército, salvo en las páginas web cercanas al propio gobierno Federal, donde es atacado en forma feroz, es tratado con respeto, asumiendo su realidad. La forma en que ha sido recibido el Ejército en este regreso a Culiacán, a un mes del operativo, lo confirma.

En realidad lo que sufrió mayores daños ha sido la propia estrategia gubernamental: quedó demostrado que la misma no existe o termina siendo una simple entelequia. Eso fue lo más criticado. No hay una estrategia, y lo de “abrazos no balazos, o los fuchi, guácala” quedaron en ridículo. La gente, casi con unanimidad, reclama esa estrategia lo mismo que muchos de los mandos e integrantes de las instancias de seguridad que deben aplicarla a nivel federal y estatal. No se entiende lo que se está haciendo. Tampoco lo entienden, y lo han dicho en voz muy alta, en Estados Unidos, que ante ese vacío, incrementado semanas después con el caso de las familias Lebarón, han llevado incluso a presiones intervencionistas.

No hay estrategia, eso es lo que exhibió el 17 de octubre y lo que confirma la carta de personajes tan lejanos del conservadurismo que le adjudica el Presidente, como Javier Sicilia. El poeta, quien iniciará una marcha reclamando una nueva estrategia de seguridad, urge en su carta al Presidente a cambiar su estrategia, demanda actuar para garantizar la seguridad pública, le dice que ya no hay tiempo para tener paciencia y, sobre todo, señala que “lo que falta es la humildad del que escucha y la voluntad política de quien gobierna”. E insta a “abandonar el hábito de descalificarnos, difamarnos, polarizarnos”. En respuesta, el Presidente dijo que Sicilia es conservador, que puede marchar cuanto quiera, que no lo recibirá y le encargó la tarea al subsecretario Alejandro Encinas.

Si hubo otra área que quedó dañada con los hechos de Culiacán fue la comunicación, ante la palpable falta de la misma.

Pasaron dos semanas hasta que hubo una versión relativamente clara y verosímil de lo sucedido.

Y una vez más no la dio ningún funcionario civil, sino el secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval. Y eso se repitió días después, cuando ocurrió el asesinato de la familia LeBarón cuando el que tuvo que dar la explicación oficial no fue ningún funcionario civil, ni del gobierno ni de la Fiscalía, sino el jefe del estado mayor de la Defensa, el general Homero Mendoza, cuando el Ejército no tenía nada que ver en esa historia, ni siquiera tangencialmente.

De las numerosas organizaciones que quieren convertirse en partidos, una tendría todo para el registro si no fuera por las diferencias internas:  Redes Sociales Progresistas sufrió un golpe interno, Fernando González, yerno de Elba Esther Gordillo, desplazó ilegalmente a la dirigencia de Iván Peña Neder y ha llevado al partido a un largo tránsito en tribunales que, si es definido con justicia por el Tribunal Electoral del poder Judicial de la Federación, tendrá que terminar reintegrando esa dirigencia a los líderes originales.