Sin Moral, Ética, Valores…

Argonmexico / Ojalá pudiéramos  abandonar el país y dejárselo a los criminales y cuando acabarán de matarse los unos a los otros por el poder, las plazas… y sin alguien que trabaje para generar bienes y servicios; dándose por vencidos los sobrevivientes se entregaran a las autoridades que ya para estas alturas estarían retomando las instalaciones de la patria. Esto podría suceder en unos 5, 6 meses, mientras Donald Trump nos asila a todos y nos deja pasear por el territorio estadounidense con un permiso y beca migratoria de buenos vecinos.

No no me he fumado nada, -sólo mi loca imaginación- aún no la legalizan, con lo cual estoy de acuerdo y sería un avance para que los grupos delictivos perdieran terreno para sus fechorías. Pero aquí ninguno enfrenta de frente –valga la redundancia- está problemática que dejaría de serlo con educación, prevención y un manejo inteligente de la producción y venta de los enervantes clandestinos, pues alcohol, cigarros, medicamentos no controlados transitan sin problema por los organismos de la ciudadanía.

Yo no sé hasta dónde quieren llegar los criminales, los tenemos en todas los niveles desde profesionales, aprendices e improvisados. Vivimos en una sociedad con una mayoría carente de valores, los ciudadanos no tienen empacho en participar en robos, saqueos, linchamientos, vandalismos y lo que ocurra motivados por un pago más la obtención de la mercancía robada o simplemente lo último. Pasa en todo México, en la Ciudad de México, qué tal cuando el gasolinazo y diversos grupos saquearon centros comerciales al gusto, ¿propiciado por quién? Un señor que hace años trabaja eventualmente en mi casa nos platicó que en la estación del Metro Toreo le ofrecieron $300.00, más lo que sustrajera mientras ellos “cuidaban”.

En Acapulco hace tres semanas un par de tiendas cerradas como protesta por el cobro de “derecho de piso” fueron abiertas con violencia para permitir el saqueo por los vecinos del lugar –invitados por ellos-  y los trenes después de descarrilarlos los pobladores se encargan del acarreo de la mercancía, lo mismo sucede con el robo de gasolina. El llamado tejido social está muy deshilachado y muy sucio por donde quiera que lo veamos. Los mismos padres instruyen a sus hijos para que sean parte de estos hechos delictivos y hasta los abuelos participan.

¿Dónde empieza esto? Sin referencia de un estudio, cualquiera de nosotros opinaría que esto empieza en casa ¿es realmente la pobreza la motivación de estas conductas? O es la relajación del comportamiento cotidiano –impunidad- lo que provoca a seguir estos ejemplos. No lo sé, pero debería ser motivo de estudio y pronta solución. Adoptar modelos educativos –se me ocurre Japón en donde el respeto a la propiedad ajena es algo natural- en verdad requerimos nuevos paradigmas, es urgente en este país.

Los gobiernos que deberían dar ejemplo –no hay nada más lejano- de honestidad y eficiencia son los primeros en cometer fechorías para su personalísimo beneficio, podría encontrar millones, está nota publicada por Sin Embargo es un ejemplo de lo peor que sucede, es sobre el libro  ˂México a Cielo Abierto˃ editado por Grijalbo y Penguin Random House que recopila estos hechos: Ciudad de México, 18 de febrero: “La minería es uno de los negocios más jugosos para las empresas que operan en México, en su mayoría extranjeras, pero no para los trabajadores o las comunidades donde se desarrolla. Deja una utilidad anual de 200 mil millones de dólares, de los cuales muy pocos se ven reflejados en la calidad de vida de la sociedad mexicana que, en cambio, sí sufre los estragos de la explotación desmesurada.

A su alrededor convergen los peores males que aquejan a nuestro país: corrupción, desgobierno, narcotráfico, violencia, pobreza y desplazamiento. Esta investigación, que el reportero J. Jesús Lemus realizó por los cuatro rincones del país, revela por primera vez las operaciones ilegales de la industria minera en México que, por increíble que parezca, opacan la brutalidad del narcotráfico, y lanza una alerta urgente sobre los peligros que representan para la soberanía y la supervivencia de nuestro país.”

Toda la información es de terror, en un artículo de Benito Jiménez y Antonio Baranda publicado en la Revista –suplemento del periódico Reforma-  difunden que el Crimen es la peor plaga del Campo. Es peor que los daños de un desastre natural. Es otra plaga que pierde las cosechas, ultraja a los productores y tiene a raya a los campesinos.
“Hoy, en el campo gobierna el crimen organizado. Hablando de superficie agrícola, ganadera, pecuaria, el crimen muy conservadoramente está afectando entre el 25 y 30 por ciento de las actividades del sector agropecuario en el país”, asegura Víctor Suárez, director ejecutivo de la      Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC).
El abandono del campo por parte del gobierno federal, en los últimos 30 años, le abrió la puerta al crimen organizado en el sector. La delincuencia está desestimulando la inversión en el campo, afirma. La combinación de factores, con el peso criminal, provoca que el crecimiento del sector agropecuario y forestal en los últimos 20 años no pase del 1 por ciento del PIB.
Por ello, Suárez subraya que la actividad delictiva es un factor de empobrecimiento añadido a las circunstancias de abandono social. “Siete de cada diez habitantes rurales están considerados como pobres y esto ha generado la presión de migrar a ciudades de Estados Unidos, pero al mismo tiempo se ha generado el ciclo perverso de que los jóvenes se tienen que enrolar al crimen organizado, lo que contribuye al abandono del gobierno al campo”, explica.
“Les pagan 5, 8 o 10 mil pesos mensuales por las tareas más básicas de la estructura del crimen y de ahí pues ya tienen una perspectiva de ascenso, mientras que el joven, en labores agrícolas, no tiene perspectiva”.

Deteriorada la imagen del país por estos sucesos, nuestro turismos peligra, no hay respeto por la vida, secuestran, matan a visitantes extranjeros y nacionales sin encontrar el motivo, quizá hayan simplemente estado en el lugar y la hora incorrecta, sean testigos involuntarios de algo. ¡Qué tragedias cotidianas suceden! Nuestros caminos regados diariamente de cadáveres con muestra de una maldad que no tiene límites: torturados, humillados, violadas, decapitados. ¿Qué clase de “humanos” se envilecen de tal manera?

En el campo, las ciudades, poblados, caminos encontramos estos hechos, ¿Cómo empezar a romper estos círculos viciosos?, ¿Cómo atraer a los jóvenes a actividades sanas, positivas con beneficio a ellos y sus familias?.  Educación, oportunidades bien remuneradas en el campo, los pueblos, las ciudades, vida digna, reconstrucción de los valores; cero tolerancia, cero impunidad…

Es un trabajo de todos, pero principalmente del gobierno, de todos aquellos que tienen la capacidad económica, de convocatoria, difusión y creación inmediata de herramientas para llevar esto a la realidad.