Por Nuestra Felicidad

devaneosargonmexico.com/ Sí, los hay peores, pero también los hay mucho mejores, y éstos nos deben mostrar la pauta para ambicionar un mejor sistema político; imaginemos el mejor de los mundos posibles y vayamos por él.

 

Dicen que los daneses encabezan todas las encuestas sobre felicidad; habría que estudiar lo que sucede en ese país, para intentar adaptarlo a nuestro, pues en éste –creo que todos los ciudadanos comunes- vivimos frustrados, con miedo, con enojo por vernos robados en todas las formas posibles, inseguros en las calles, agobiados por las alzas constantes en los precios, cuidándonos de los delincuentes comunes, además de los de cuello blanco, rojo, amarillo, gris…

Sí, creo en la premisa que la felicidad es un trabajo interno, una actitud, el problema es que al llegar a la dermis el trabajo de nuestra felicidad ya depende de lo que sucede en el exterior y ahí es en dónde esos seres degradados, retrógrados, ineficientes y egoístas se dedican a hacer que la felicidad sea un estado de animo inal-can-za- ble.

Aplaudimos el valor del Señor Presidente para extinguir una empresa ineficaz como Luz y Fuerza del Centro (LyFC). Lo vemos actuar en un momento de definiciones, de defender la eficiencia, la transparencia y modernidad laboral; no más caciques impresentables, con privilegios oficializados. Ojalá esto se ampliara, demostrando una conducta consistente; no es tan sencillo. Aún así, el hecho ayudará a una reforma. Esperemos ver las barbas del vecino cortar y pongan otros sindicatos sus barbas a remojar. Deben entender que la ciudadanía toma sus “privilegios” como un gran abuso y afrenta personal.

Los sindicatos del mundo, hoy en día, no defienden el empleo improductivo; se han vuelto eficientes para la empresa de la que comen. En México hemos visto desaparecer fuentes de trabajo, incluso, ramas completas de la industria; a inversionistas extranjeros que tomaron sus maletas y se fueron corriendo del país, gracias a las absurdas exigencias de los lidercillos charros, quienes por tanta voracidad, se quedaron sin nada, y dejaron sin empleo a sus agremiados, a quienes, debemos recordar, antes de cualquier cosa se debe cuidar la fuente de los ingresos, no debilitarla ni exprimirla hasta su extinción.

Asimismo, todos los individuos que colaboran en el sector público deben igualmente entender que nosotros somos los patrones y de nosotros obtienen los medios para su lujosa subsistencia, y es hora de terminar con el despilfarro del dinero público y exigirles una total transparencia y uso racional de los recursos públicos.

Debemos decir NO al aumento de los impuestos. ¿Usted ha escuchado algún argumento que le indique los beneficios que obtendremos con estas medidas; uno aunque sea chiquito?.

Además, los que saben y hasta los que no, dicen que no se debe hincar el diente, o mejor dicho, morder con semejante saña. No se vale disminuir los ingresos aumentado el impuesto sobre la renta e incrementarlos también en el consumo, golpear por todos lados. Para su conocimiento, actualmente las telecomunicaciones no son artículos de lujo, mucho menos cuando el servicio de internet apoya cada vez más a la educación. Sólo ha logrado entrar al mundo de la red de redes, una quinta parte de la población mexicana. Con un nuevo impuesto limitaremos más el acceso a esta tecnología, y en consecuencia, el aprendizaje que evidente y urgentemente requerimos.

Las empresas tabacaleras también protestan argumentando que el elevado aumento del impuesto al cigarro tendrá como consecuencia el consumo de tabaco ilegal; 10 por ciento es excesivo. Si se hiciera gradual el mercado y el consumo, se mantendrían en la legalidad, cumpliendo el objetivo de recaudar más y disminuir poco a poco la demanda.

La iniciativa privada, en general, condenó estas modificaciones fiscales, porque, considera, aectarán la generación de empleos, la reactivación económica, poder adquisitivo, bienestar de la población y competitividad del país. En esto coincidieron empresarios, economistas y fiscalistas. Ante estas opiniones de quienes saben, me pregunto ¿Los otros, qué saben?.

También escucho de especialistas de otros países decir que durante una crisis la medida correcta es bajar impuestos, y vuelvo a preguntarme: ¿A quién carambas tenemos sentados en las sillas, en donde se toman las decisiones para el progreso, el bienestar de la población y la fortaleza del país?.

Además, resulta que todos los sacrificios de estrechez del cinturón y austeridad son de acá, pero de allá, no miro nada. Ya ven a Manlio Fabio Beltrones (PRI) y Jesús Ortega (PRD) y su negativa rotunda a la iniciativa de Cesar Nava (PAN) para reducir en 50 por ciento las partidas presupuestales que se dan a los partidos políticos. Y las grandes empresas, con privilegios fiscales, ¿En dónde me apunto?, !Yo también quiero¡.

Vamos a ver, y así nos quedaremos –como el chinito- nomás mirando, ah… y apoquinando de nuestros mermados ingresos, más impuestos para que ellos sigan viviendo como todos quisiéramos hacerlo. Esas medidas no reducen la pobreza, amplían la brecha para que una persona logre alcanzar una vida vida mejor, y que un mayor numero pase a formar parte de los que menos tienen. ¿Y la felicidad?

emaldonadoballesteros@yahoo.es

Deja un comentario