Por la Paz

logo-devaneosargonmexico.com/ Es para tomarse en cuenta la arraigada molestia de la ciudadanía. Escucho aquí, allá, más allá, que necesitamos una revolución. Incluso, algunos de mis articulistas favoritos han tocado ligeramente el tema. Por supuesto que me ataca el miedo, en cuanto extensas y terribles son las palabras que acompañan estos sustantivos: revuelta, violencia, agresiones, perdida de vidas, de libertades para aprender, opinar, decidir, expresarse, crecer, incluso pasear, pues los espacios en donde la violencia toma posesión, nadie goza de autonomía sobre sus bienes y su vida.

Apelo a la razón, al trabajo de equipo de cada ciudadano para obligar a los fulanos que cobran y aprovechan el detentar cargos políticos a hacer simplemente lo que deben, por principios del compromiso de servir al país. Y antes que colmen al pueblo, tomemos cartas en el asunto. Ya no es posible permitirles la corrupción, falta de moral, inteligencia, compromiso y honestidad con la que han abusado de cada uno de nosotros. ¡Lo que se han de reír de nosotros, y de
nuestras quejas, que les hacen lo que el viento a Juárez, mientras ellos holgazanean, se pasean lujosamente, aquí, y allá por el mundo, se llenan los bolsillos ilícitamente, malgastan recursos renovables y no renovables, el tiempo, así como a las personas.

Luego los observará, juntitos, acompañados de muy costosos licores, comiendo en un restaurante de moda, y acordarán embolsarse el sobrante del presupuesto, entre todos, a partes iguales. ¡Son un asco!. Si nosotros no tomamos las riendas del asunto, lograrán llevar el país al reclamo violento que no nos conducirá a nada bueno a nosotros, porque ellos tomarán sus maletas y se irán tras mejores horizontes; algunos se quedaran, cuidados por guardaespaldas eficientes, pagados con el dinero del pueblo, y los únicos perjudicados –como siempre- seremos nosotros.

Queremos vivir en paz, pero para eso requerimos que la vida diaria funcione -poco pedir-,  desde que no se nos vaya la luz, hasta que PEMEX no sea botín del gobierno, ni del sindicato petrolero, de unos cuantos. No hago la larga lista, no es necesario. Simplemente, tenemos que acabar con la impunidad de los funcionarios que no funcionan, y creo que es TOMANDO EL PODER, no requerimos nada violento. Antes que nada, sacando a los partidos políticos del Congreso, desde ahí exigir que el Gobierno realmente sirva a todos.

Podemos empezar por elegir cuidadosamente a cada uno de los representantes y servidores públicos: Antecedentes penales, pruebas de personalidad, coeficiente intelectual, habilidades, conocimientos. Si no funcionan, que se vayan, y si cometen uno –no dos- ilícitos, que lo paguen, aplicándoles todo el peso de la ley, las penas máximas, y por supuesto inhabilitación de por vida, para que no vivan jamás a expensas del Estado. Las sanciones por mal usar los recursos nacionales, de cualquier tipo, deben de ser especialmente duras, pues es el patrimonio es de todos. El castigo debe ser ejemplar.

No dudo que vaya a haber algún descarriado, hay seres torcidos que fácilmente se dan a torcer, pero serán los menos, y por eso, mucho más visibles. Hoy en la podredumbre que impera ni quien los note, pero para eso están las leyes, para usarse, y nada de largos papeleos, instancias que vienen y van; al que se le pruebe un delito, que lo sancionen, con la misma facilidad que la cual le dan años de cárcel a la señora que robo un paquete de comida en el supermercado, por algo que no superó los 100 pesos, o la joven que sustrajo del basurero de una fábrica, unos cierres descompuestos y es acusada de robo, por lo que ahora purga 15 años de prisión. ¡Por favor!.

Urge optimizar el sistema judicial, porque los jueces no solo deben tener sentido común –por lo menos- sino ser personas con determinadas cualidades, y preparadas para asumir semejante cargo, porque tienen en sus manos la aplicación de la JUSTICIA, y con ella el futuro de miles de personas. No puede cargarse la mano a las personas que la verdadera necesidad de vida los lleva a cometer faltas menores, cuando hay tantísimo truhán libre y feliz, que sale en los suplementos de sociales, e incluso, hay idiotas que hasta se enorgullecen de conocerlos y de sentarse departir con ellos.

Se supone que vivimos una democracia, donde la mayoría manda; pues hagamos que esa mayoría defina el Congreso y desde ahí al  Gobierno que se requiere; porque de ahí emanan las leyes, y se piden cuentas sobre la actuación de los gobiernos, federal, estatales, municipales.

Así como debemos cuidar al planeta, porque nuestro único hogar, pues de la misma forma habrá que hacerlo en el caso de nuestro país. No podemos permitir más bandoleros, tarados, despantalonados, pusilánimes, traidores… más lo que haga falta acusar. Podríamos desterrarlos a alguna inhóspita isla, en donde se hagan los unos a los otros lo que hoy sufrimos las personas de bien.

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