Mensaje del Canciller Luis Videgaray en la OEA

Por José Luis Espinoza

*Participó en el 48 Período Ordinario De Sesiones de la Asamblea General de la OEA

Argonmexico / Canciller Luis Videgaray: Gracias, Presidente.

Nuevamente, buenos días.

Estamos en un momento inédito de cambios y redefiniciones en el ámbito internacional. En un mundo en rápida transformación, altamente interconectado y con responsabilidades compartidas, hoy más que nunca debemos asegurarnos que nuestra organización siga siendo un espacio relevante de diálogo plural.

Los aniversarios son siempre una ocasión para mirar hacia atrás, examinar logros y desaciertos, pero también para ver al futuro. En su setenta aniversario, los Estados miembros de la OEA tenemos la responsabilidad de reevaluar con el mejor ánimo de fortalecer su acción frente a los retos hemisféricos, que de ninguna manera podemos enfrentar solos.

El continente americano es una región con una larga tradición multilateralista. Sin duda, la diversidad cultural y social que caracteriza a nuestro continente nos ha hecho conscientes del enorme valor del diálogo político multilateral para hacer frente a desafíos comunes.

En 1948, la OEA se formó con el objetivo de lograr un orden de paz y justicia, fomentar la solidaridad, robustecer la colaboración y defender la soberanía e integridad territorial.

Durante 70 años, la OEA ha logrado sortear muchos momentos críticos, que la han consolidado como el espacio de encuentro y articulación de intereses en torno a causas comunes, como ahora ocurre.

En la actualidad, más que ser una agrupación de países que ocupan el mismo espacio geográfico, la OEA es y debe seguir siendo una comunidad que comparte valores, principios y obligaciones.

En el hemisferio hemos acordado construir sociedades más prósperas y justas, con el ejercicio efectivo de una democracia representativa, la lucha contra la pobreza, el respeto al Estado de Derecho, el combate a la corrupción, la promoción y la protección de los derechos humanos y por supuesto la solidaridad entre los Estados americanos.

Hemos reconocido nuestra responsabilidad de impulsar el desarrollo integral de todos, para combatir la exclusión y discriminación hacia los grupos más vulnerables, y así avanzar de manera colectiva hacia una región más justa, próspera e incluyente.

Dicho de manera más simple, queremos no solamente vivir mejor, sino que todos vivamos bien.

Reconocemos  que la democracia representativa es indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región y que es uno de los propósitos centrales de esta organización promoverla y consolidarla.

Como países firmantes de la Carta Democrática de septiembre de 2001, defender la democracia ante su ruptura institucional no es una preferencia; es una obligación jurídica ante el continente y ante el mundo.

Por lo tanto, México asume plenamente esta responsabilidad, con pleno respeto al principio de autodeterminación de los pueblos, con pleno respeto a la soberanía nacional, pero reconociendo, que ante la ruptura del orden democrático, invocar estos principios para proponer la indiferencia no es otra cosa que convocar a una complicidad tácita; a no atrevernos a señalar lo que ocurre de mal en un país, para que no nos señalen a otros. O simplemente, a mirar al techo cuando la democracia se colapsa en beneficio de unos cuantos y en perjuicio de todos los demás.

Por eso, México seguirá haciendo sus mejores esfuerzos diplomáticos para promover que la democracia se restablezca donde se ha roto, en cualquier rincón del continente.

Lo haremos siempre abogando por una solución pacífica. Rechazamos categóricamente cualquier opción violenta, que venga de dentro o que venga de afuera.

Pero que no se nos pida, que no se nos pida quedarnos callados ante un incumplimiento de lo más fundamental, que ocurre en la colectividad y en la convivencia de un país, que son las reglas establecidas de una democracia representativa.

Estamos convencidos de que la consolidación de sociedades democráticas descansa en la promoción y protección de los derechos humanos. En este importantísimo tema, reconocemos ampliamente y sin reservas al sistema interamericano de los derechos humanos: a la Comisión Interamericana y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

México es un país que cree en el sistema y que está abierto al escrutinio internacional. Creemos que todos los países deben estar abiertos al pleno escrutinio del sistema interamericano de derechos humanos. Aunque a veces los casos sean dolorosos, aunque a veces los casos nos lastiman, es a través del escrutinio internacional como el instrumento más poderoso de cambio.

Y en materia de derechos humanos, México, como un país que es al mismo tiempo origen, destino, país de retorno y ahora más que nunca país de tránsito de migrantes, creemos que la organización y la región deben alzar la voz para defender la dignidad y los derechos humanos de los migrantes, sin importar cuál sea su situación jurídica. Y debe reconocerse el valor de los migrantes para la economía, para la sociedad y para la cultura de los países a los que arriban, una vez más, por encima de su situación jurídica.

Reconocemos plenamente la soberanía de todos los Estados americanos. Reconocemos el pleno derecho que tiene cada país, cada Estado, a determinar su propia política migratoria; pero esa soberanía no puede estar por encima de la dignidad de la persona y el respeto a los derechos humanos.

Amigas y amigos, representantes de los Estados miembros,México a todos ofrece respeto y ofrece amistad. México es un país que no cree en los muros. México cree en los puentes, en los puentes que se construyen en los pilares del respeto mutuo y el respeto al derecho internacional; que se construyen a través del diálogo sincero, de la negociación, de resolver las diferencias a partir de encontrar las coincidencias. México es un país que cree en los puentes como aquellos vínculos por los cuales se fortalece la amistad, la cercanía y el cariño entrañable que debe prevalecer siempre entre los pueblos de América y el Caribe.

Muchas gracias, señor Presidente.