Manifiesto por Baja California; Jaime C. Martínez Veloz

Por Jaime C. Martínez Veloz

Argonmexico / Gracias al poderoso impulso popular, las fuerzas políticas progresistas obtuvieron un triunfo histórico e indudable, que permitirá una nueva transformación de nuestro país, en beneficio de millones de mexicanos. Esta gran transformación nacional habrá de iniciar muy pronto en Baja California -donde empieza la Patria-. 
Las Organizaciones de la Sociedad Civil, comunidades y ciudadanos abajo firmantes, queremos expresar a la población cuál es la Baja California que queremos, por la cual hemos trabajado y con la que estamos comprometidos a luchar hombro con hombro.
Congruentes con los grandes cambios que se avizoran a nivel nacional, los planteamientos aquí expresados no son sólo nuestros. Muchas de las propuestas e ideales aquí contenidos, provienen de experiencias de vida tanto personales, como de la convivencia y reuniones sostenidas a lo largo de muchos años con los más diversos actores sociales, con compañeras y compañeros de lucha, liderazgos de colonias populares, indígenas, campesinos, obreros, comerciantes, empresarios, transportistas, intelectuales, académicos, estudiantes, pescadores, ciudadanas y ciudadanos, vecinos, amigos de los medios de comunicación y muchos más, quienes al expresarnos su visión del mundo, realidades y necesidades, nos motivaron e hicieron pensar en la necesidad de organizar nuestro esfuerzo al servicio de las mejores causas de la sociedad y de la gente.
En este ejercicio, estamos abiertos tanto a la crítica, acompañada de una mejor propuesta e ideas innovadoras; como a toda iniciativa que promueva el cambio.
Lo importante es definir un punto de partida desde el cual, juntos, pongamos manos a la obra para la transformación profunda de Baja California. Una transformación que se refleje en la vida diaria de las personas, que garantice su desarrollo integral, su seguridad, paz, bienestar y posibilidades de progreso.
Desde Baja California, donde empieza la Patria, surge esta propuesta como la visión colectiva de un proyecto de esperanza, que puede llegar a concretarse si compartimos sueños y anhelos, si cimentamos nuestras aspiraciones con talento y trabajo, si nos reencontramos y creemos en nosotros mismos como quienes habremos de transformar una realidad que a nadie gusta, pero que está viva y presente en los rostros y cuerpos de miles de bajacalifornianos, que hoy, o no tienen, o cuentan con escasas alternativas para mejorar sus condiciones y calidad de vida.
Aquí, donde empieza la Patria, queremos también que inicie la Cuarta Transformación de la República, propuesta por el Presidente Electo de México.
Queremos una Baja California donde haya nuevos caminos de esperanza para transitar a un mundo más justo y equitativo, donde seamos capaces de cambiar nuestro sentir, nuestro pensar y nuestro hacer, para estar a la altura de nuestros sueños.
Queremos una Baja California que escuche, dialogue y construya con propuestas y compromisos; que sea para todos y todas, donde exista una nueva constitucionalidad, que fortaleciendo nuestra herencia histórica y nuestra identidad nacional, establezca las bases para forjar un Estado justo y diferente; donde la vida política, económica, social y cultural, se transformen para el logro de los ideales y el beneficio de las y los bajacalifornianos, quienes habremos de ejercer a plenitud nuestros derechos y cumplir a cabalidad nuestras obligaciones.
Concebimos una Baja California pensada en positivo, donde la mentalidad se oriente a construir puentes y no muros entre las y los otros, donde el ser humano, la gente, sean el punto de referencia, principio y fin de toda acción de la administración y los poderes públicos; donde éstos, además de ágiles y eficientes en su gestión, informen con suma transparencia el uso de los recursos que les fueron confiados.
Queremos una Baja California donde nuestros gobernantes sean profesionales con alto sentido del deber, capaces y honestos; con espíritu de servicio a toda prueba y profundo amor a nuestro Estado y a su gente.
Queremos servidores públicos conscientes de que el poder y sus cargos son para servir a la sociedad, no para enriquecerse.

Queremos una Baja California donde el gobierno se maneje con ética y austeridad republicanas, donde no existan estructuras burocráticas anacrónicas e innecesarias, ni privilegios y percepciones extraordinarios en los altos mandos de la administración. Un Estado donde se gobierne con igualdad y equidad, empezando por los más pobres, los más necesitados.
Aspiramos a una Baja California con un gobierno cercano a la gente, que sepa armonizar los intereses de los distintos grupos y sectores sociales integrándolos a los procesos desarrollo; donde haya un federalismo que equilibre el desarrollo regional con nuevas reglas de convivencia y cooperación entre federación, estados y municipios; más equitativo en la distribución de los recursos, y donde los gobiernos locales obtengan más ingresos, gracias a mayores potestades.
Queremos una Baja California donde las instituciones ofrezcan certeza jurídica al patrimonio de las familias y se comprometan con un programa eficiente y ágil de regularización de la tenencia de la tierra.
Queremos una Baja California justa, donde la plena igualdad ante la ley y el respeto a los demás y a su diversidad, sea una forma de vida, y se reconozcan como norma constitucional los derechos humanos; donde no exista ni discriminación, ni sumisión por causa alguna.
Una Baja California tolerante, equitativa, plural, incluyente, generosa y libre.
Una Baja California donde la corrupción sea cosa de un pasado ominoso, y la honestidad y la verdad en las conciencias y el proceder, un tesoro presente.
Luchamos por una Baja California donde la educación sea valorada como el principal medio para terminar con la desigualdad social y generar el avance del Estado; donde la calidad y los contenidos del sistema educativo alienten la capacidad analítica y el pensamiento crítico de los estudiantes, y se transformen gracias a una intensa participación de los padres y madres de familia, docentes y alumnado, para formar personas más creativas, con valores sólidos y afición a la lectura e investigación.
Queremos una Baja California donde la educación pública sea un asunto de Estado. Una Baja California que garantice la educación pública en todos los niveles, desde preescolar hasta doctorado, incluyendo el otorgamiento de becas en apoyo a quienes por falta de recursos, hoy se encuentran en riesgo de deserción escolar. Donde los  docentes reciban capacitación y actualización permanente, así como sueldos dignos, acordes a la trascendencia de la función social que desempeñan.
Queremos una Baja California dinámica, donde el acceso al conocimiento y a las nuevas tecnologías de la información estén al alcance de todos; donde se asignen recursos presupuestales para impulsar la investigación científica y tecnológica, donde los medios de comunicación, además de entretener con calidad, informen y cumplan una función formativa y educativa, que revalore los principios que cohesionan a nuestro Estado.
Una Baja California con una mayor infraestructura cultural, y defensora de la preservación del patrimonio ya existente en todo su territorio; donde la cultura y el arte, como expresión del espíritu humano, sean algo cercano a todos y concebido como parte del desarrollo integral del individuo para elevar su calidad de vida.
Para una mayor difusión del conocimiento, el arte y la cultura, consideramos que el estado debe crear una gran biblioteca digital de libre acceso a toda la población y, en coordinación con los ayuntamientos, instalar internet gratuito en las principales plazas públicas de la entidad.
Queremos una Baja California que  impulse la radio y la televisión cultural, donde los artistas y creadores contribuyan a la preservación de nuestra identidad, tradiciones y culturas populares e indígenas, y cuenten con apoyos y becas que estimulen la continuidad de sus trabajos.
Queremos una Baja California con una política de Estado en materia de fomento agropecuario, que genere una profunda transformación de la producción del campo, encaminándola tanto a la exportación como a la autosuficiencia alimentaria y donde las y los ejidatarios, comuneros, productores, ganaderos y pequeños propietarios, participen en su definición y sean sus primeros beneficiarios.
Una Baja California que impulse al sector primario de la economía, y valorando el profundo amor a la tierra que tienen las mujeres y hombres campesinos los motive a mantener su arraigo mediante apoyos, créditos, tecnología, insumos, sistemas de riego y precios de garantía, generando la capitalización del sector, promoviendo la agroindustria y evitando con ello que los campesinos emigren, con riesgo incluso de perder la vida.
Queremos una Baja California donde los recursos forestales sean racionalmente aprovechados mediante la atención a toda la cadena productiva: colecta y procesamiento de semillas, creación de viveros, siembra y reforestación extensivas, mantenimiento y sanidad vegetal, protección contra plagas e incendios, corte y comercialización de la madera.
Una Baja California donde por la abundancia de los recursos marítimos, el sector pesquero sea apoyado y considerado como estratégico en el sistema alimentario del Estado, abasteciendo a la población gracias a programas de distribución y comercialización, con productos de alto valor nutritivo a bajo costo; al tiempo que se promueve la acuacultura en toda zona donde sea factible.
Queremos una Baja California donde el gobierno emprenda procesos de desregulación, haga competitiva la estructura arancelaria, combata eficazmente el contrabando, construya la infraestructura básica y productiva que sea un pilar para el crecimiento de la economía de todos los municipios del Estado; y fomente y brinde certidumbre a la inversión privada.
Queremos un Estado donde se apoye significativamente a la micro, pequeña y mediana empresa, mediante acciones que incluyan créditos para emprendedores, acceso a mercados y reducción de tasas arancelarias para materias primas.
Aspiramos a una Baja California con alta competitividad internacional, que erradique el “ahí se va” y consolide la cultura de la excelencia a fin de insertarse más favorablemente en la globalización, gracias a su eficiencia y productividad; que sepa atraer inversión extranjera productiva, al tiempo que incentive la innovación en la industria nacional; donde las y los trabajadores, cualquiera que sea su profesión u oficio, sean respetados en su persona y sus organizaciones, tengan todas las prestaciones de ley y un salario remunerador; y donde los empresarios cuenten con una ganancia atractiva, justamente obtenida en el marco de su responsabilidad social.
Más que materias primas, queremos que nuestros exportadores envíen al extranjero productos con alto valor agregado; y con el apoyo del Estado, nuestras empresas desarrollen creativamente nuevas y propias tecnologías para reducir la dependencia del exterior.

Pugnamos por una Baja California donde se promueva la diversificación de las fuentes de generación de energía, incluyendo las ecológicas y no convencionales; así como la modernización integral del sector energético, que contribuya a producir a bajo costo, todo el gas y la gasolina necesarias para su desarrollo, fijando tarifas de energía eléctrica justas y accesibles a la sociedad y las empresas.
Queremos una Baja California donde el aumento del salario mínimo se ubique por encima de la inflación, manteniendo el poder adquisitivo de las y los trabajadores. Un Estado con pensiones dignas, que permitan a quienes las reciben, ver compensados los esfuerzos de toda una vida en el trabajo.
Aspiramos a una Baja California donde toda familia tenga acceso efectivo a una vivienda digna, que al tiempo que constituya un patrimonio, sea el lugar idóneo para la formación de valores, la sana convivencia y el desarrollo y la expresión de los talentos de sus moradores.
Nos motiva luchar por una Baja California donde el crecimiento de las ciudades, su infraestructura, desarrollo urbano y dotación de servicios públicos, se fundamente en planes elaborados bajo la lógica de las necesidades habitacionales, comerciales, de servicios y productivas, y no en los intereses de acaparadores que especulen con los mejores espacios territoriales. Debe ser el Estado y no el mercado el que regule el valor del suelo.
Una Baja California que alce al unísono la voz en defensa de los suyos que habitan allende las fronteras, quienes ante la falta de empleo tuvieron que emigrar y dejar su casa y sus afectos.
Una Baja California donde se combatan las causas y no los efectos de la pobreza y la ignorancia; donde el desarrollo social sea concebido como un derecho de las comunidades, un asunto de Estado, y uno de los principales retos nacionales que habrán de enfrentarse hasta en el último rincón de la patria, para transformar las condiciones de injusticia y desigualdad, y cambiar la vida y el futuro de los bajacalifornianos.
Bajo esta óptica, el Presupuesto de Egresos del Estado habrá de responder a un proyecto donde el desarrollo social sea prioritario.
Queremos una Baja California donde las zonas marginadas dejen de serlo gracias al esfuerzo solidario de sus habitantes y a la inversión pública bien orientada; donde el financiamiento federal, estatal y municipal se combinen armoniosamente con las aportaciones y mano de obra –trabajo comunitario- de los vecinos de las colonias, los ejidos, organizaciones y grupos sociales para potenciar y multiplicar la inversión; y donde las obras públicas puedan ser diagnosticadas, seleccionadas y priorizadas por las propias comunidades beneficiarias, y auditadas por una contraloría de la misma sociedad.
Para alcanzar un desarrollo social real, los compromisos y aportaciones deben ser de todos los actores; sólo así se dará un verdadero cambio.
Una Baja California donde las familias fortalezcan su economía gracias al crédito público, que les permita generar autoempleo y desarrollar otras actividades productivas. Donde no existan hambre ni analfabetismo, y la pobreza sea erradicada progresiva pero firmemente.

Una Baja California donde el Estado esté obligado constitucionalmente a garantizar la alimentación y la salud de las y los bajacalifornianos, incluyendo la dotación de medicamentos a bajo costo o gratuitos a quienes en situación de pobreza, carezcan de los beneficios de las instituciones de seguridad social. Al mismo tiempo, que vigile una profunda renovación de dichas instituciones para que brinden un servicio de calidad, sostenibles a futuro gracias a su viabilidad financiera, sin privilegios, con suficiencia en el abasto de medicamentos e insumos; y a las que también tengan acceso los trabajadores del campo y quienes laboran en la economía informal.
Queremos una Baja California que tenga como una de sus prioridades la definición de una política de Estado para los sectores más vulnerables, para que éstos cuenten con estrategias de atención que los integren favorablemente al seno de la sociedad de la que forman parte.
Pertenecemos a quienes desean que en Baja California exista una nueva y justa relación del Estado con los pueblos indígenas, nativos y migrantes; que por norma constitucional respete su lengua, identidad cultural, medicina tradicional y autonomía en sus formas de gobierno; que corrija las desigualdades económicas y sociales, y establezca la acción integral y concurrente de las instituciones para lograr su desarrollo; un desarrollo que revalore el papel social de la mujer indígena y brinde a ésta mayores oportunidades educativas y laborales, y sobre todo, auténticas condiciones de equidad; un desarrollo que no sea planeado sobre los escritorios, sino concertado en las propias comunidades, con la participación activa y vigilante de las y los beneficiarios.
Una Baja California que asuma el compromiso de reconocer en la Constitución del Estado a  los pueblos indígenas como sujetos de derecho público. Que establezca la obligatoriedad a la consulta previa, libre e informada. Donde la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas y otros instrumentos jurídicos internacionales de los que México forma parte, se incorporen a la Constitución del Estado y sean de observancia obligatoria.
Una Baja California donde las personas de escasos recursos económicos, con discapacidad física, intelectual o sensorial, puedan acudir a centros públicos de rehabilitación y cuenten con las oportunidades laborales y de desarrollo que les permitan la obtención de ingresos y ser útiles a la sociedad.

Una Baja California donde el Estado garantice como un derecho, la atención y una pensión mínima alimentaria a las personas que por su edad no están en condiciones de incorporarse al trabajo productivo.
Queremos una Baja California donde niños y niñas estén protegidos por la ley y disfruten de la atención médica, alimentación y los cuidados necesarios para quienes representan el porvenir de esta sociedad, quienes además habrán de contar con educación pública gratuita, obligatoria y de calidad.
Una Baja California donde se divulguen y respeten los derechos de la niñez, prevalezca el interés superior de la infancia y sea abolido el trabajo infantil.
Queremos un Estado donde las y los jóvenes participen de manera protagónica en el diseño de las estrategias para resolver sus necesidades y problemas presentes y construir su futuro; donde tengan la posibilidad de participar políticamente, practicar deportes, aprender artes, culminar sus estudios y disponer de alternativas para la utilización de su tiempo libre y la canalización de su energía e inquietudes, donde pueda hacerse realidad la plena realización de sus aspiraciones, potencialidades y talentos.
Queremos que Baja California sea un Estado democrático, basado en el respeto, promoción, defensa y ejercicio de los derechos humanos, garantizando la igualdad entre hombres y mujeres, incorporando en el quehacer público y político la perspectiva de género, desde el reconocimiento de que las condiciones de vida son diferentes entre hombres y mujeres.
Un Estado donde el género no sea causal para vivir mejor u obtener una mejor remuneración por el trabajo realizado; donde se reconozca generosamente tanto en la legislación como en los hechos, la invaluable labor que la mujer aporta a la vida nacional, sus necesidades, su visión y sus valores; donde tenga absoluta y plena igualdad y los mismos derechos que el hombre. Donde no sufra maltrato, explotación o discriminación de género, ni sea relegada a un segundo plano en los distintos ámbitos en que se desenvuelve, familiar, social, económico, político o cultural.
Una Baja California donde el medio ambiente sea motivo de especial cuidado y atención, con programas y acciones que garanticen la protección y restauración de áreas naturales; la protección de bosques y selvas de cultivos prohibidos, quemas e invasiones para cría de ganado, tala indiscriminada, comercio de especies en peligro de extinción e introducción de cultivos y especies no acordes con el medio ambiente local.
Promovemos la defensa de la naturaleza y de todos nuestros recursos; que no exista sobreexplotación ni depredación de los recursos naturales, sino su aprovechamiento racional, integral, equilibrado y renovable. Que nuestros mares vuelvan a tener las aguas transparentes, y nuestras costas su limpieza original. Una Baja California donde todos contribuyamos a la protección de los ecosistemas y de la extraordinaria biodiversidad existente; y se sancione a quien atente contra ellos porque son patrimonio no sólo nuestro, sino de las generaciones venideras.
Demandamos que el agua sea considerada recurso estratégico y bien social; y la existencia de una política integral para su acopio, cuidado, manejo, distribución, uso racional y tratamiento. Demandamos también que los sistemas de operación del agua, sean transferidos a los Ayuntamientos, tal como lo establece el artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
En el marco de una cultura de ahorro del vital líquido, todo bajacaliforniano debe tener acceso al agua potable; por ello creemos que deben revisarse los contratos de las plantas desaladoras, no porque estemos en contra de este tipo de sistemas, sino porque no podemos permitir, que bajo la justificación de la necesidad de este vital liquido, se realicen negocios que afecten a la población y contravengan el marco jurídico mexicano.
Consideramos que debe existir una efectiva regulación de las empresas trasnacionales, tanto con el fin de que observen a cabalidad las disposiciones medioambientales, como de que los dueños de la tierra sean partícipes, conforme a la ley, de los beneficios que se obtengan por la explotación de los recursos energéticos, mineros o de diversa naturaleza.
Queremos una Baja California que garantice la tranquilidad y la seguridad pública, donde no haya impunidad para nadie que violente la ley;  y donde todas las instancias que intervienen en la prevención, detención, juicio y reclusión de delincuentes, sean federales, estatales y municipales, se coordinen debidamente, compartan información y bases de datos y tomen medidas de fondo para combatir a la delincuencia común y a la delincuencia organizada.
Una Baja California que cuente con cuerpos policíacos capacitados, ministerios públicos profesionales y honestos, jueces justos, todos ellos bien remunerados, para evitar la impunidad y la corrupción que pone en riesgo la gobernabilidad y fortaleza de las instituciones; donde éstas cuenten con tecnología y equipo de punta para enfrentar con firmeza y castigar el narcotráfico, el secuestro, la privación ilegal de la libertad y todo tipo de delitos; donde la población recupere la confianza en materia de seguridad pública e impartición de justicia. Una Baja California que no sólo se enfoque a la delincuencia y sus efectos, sino que investigue y resuelva sus causas.
Queremos una Baja California donde el Gobernador del Estado sea un factor de unidad, un Jefe de Estado, no un líder del Partido que lo llevó al poder; y esté sujeto a la revocación o confirmación de su mandato.
Una Baja California donde las y  los representantes populares se interesen realmente por la gente, sean su vanguardia y voz viva; y tengan la capacidad de lograr los acuerdos y las leyes que se necesitan en la Entidad para modernizarse y avanzar, acorde a las necesidades de nuestro tiempo. Un Estado donde el problema no sea el poder, sino que éste sirva para resolver problemas. Donde la relación del Ejecutivo con el Legislativo sea de respeto a la autonomía de éste y logren encontrarse formas de diálogo y acuerdos para los cambios fundamentales que requiere nuestra Entidad. Donde se reforme profundamente el Poder Judicial para transparentar la imparcialidad e independencia de sus decisiones.
Aspiramos a una Baja California donde la política sirva a los intereses del pueblo, como lo demandan las nuevas condiciones del país. Una Entidad donde la política sea revalorada como instrumento para alcanzar acuerdos que favorezcan a todos, que privilegie las coincidencias y minimice las diferencias en aras del bien de la sociedad; que sea también sinónimo de diálogo, concertación, acuerdos, democracia; donde el clientelismo político sea desterrado de las prácticas electorales, donde la gente recupere la confianza en sí misma y en sus instituciones; y donde las precampañas y campañas políticas se encuentren reguladas y con topes de gasto claramente definidos y verificables.
Donde no se fragüen negocios al amparo del poder, gracias al tráfico de influencias.
Ciudadanos y Ciudadanas de Baja California.
En esta visión en positivo de Baja California cabemos todos, porque todos somos y formamos parte del mismo Estado, sin importar nuestra raza, sexo, edad, cultura, preferencia política, posición económica, orientación sexual, identidad de género, o credo religioso.
Construir una Baja California así, implica una tarea titánica ante la magnitud del reto.
Pero esa Baja California que anhelamos no se construye por el gobierno sólo.
El cambio, su sentido, intensidad y profundidad pasan por todas y todos nosotros.
Pasa por nuestros ideales, nuestro compromiso, nuestro coraje, nuestro talento, nuestro emprendimiento y trabajo, nuestra unidad y entrega; nuestro amor.
Pasan por nuestra capacidad crítica y libertad de pensamiento y acción.
Aquí y ahora, tenemos una cita con la historia.
En este momento clave de la historia de México, es tiempo de que como ciudadanos hagamos un recuento de los daños y agravios causados por el abuso del poder.
En este punto de partida, somos parte de la solución y tenemos un compromiso con las generaciones del presente y las del porvenir.
Una sociedad diferente es posible. Fuerte, organizada y en crecimiento, presente en la conducción de su propio destino y donde la libertad religiosa se exprese y practique plenamente, conforme a lo dispuesto por las leyes.
Una sociedad que se exprese y defienda sus espacios de participación, se atreva a pensar en un nuevo proyecto de Baja California, y esté dispuesta a una gran movilización nacional para lograrlo.
Baja California reclama de todos una posición firme, serena, pensada, sentida, manifiesta.
Se necesita un liderazgo sin autoritarismos, firme en la conducción y claro en su visión estadista de corto, mediano y largo plazo; nacionalista, democrático y cercano a la gente.
Seamos los pioneros del verdadero cambio. Toda contribución de individuos y grupos a esta causa es bienvenida.
El alma de Baja California no quiere más niños sin escuela, jóvenes sin alternativas de estudio u oportunidades de trabajo, o personas con discapacidad sin atención. No quiere más mujeres denigradas en su justo valer, ni adultos mayores olvidados y sin algún tipo de pensión o apoyo que retribuya en algo su vida al servicio de su familia y su país.
No quiere desempleados. No más indígenas humillados y despojados de sus tierras. No más migrantes, nacionales o extranjeros, abandonados a su suerte, en el mejor de los casos.

Proponemos todos los derechos para todos, en una sociedad más igualitaria.
No se trata de que quienes ya tienen, tengan menos.
Se trata de que quienes no tienen, tengan más: más salud, más educación, mejor vivienda, mejores oportunidades de trabajo, de vida y horizontes; en suma, más bienestar.
No más inseguridad, corrupción, impunidad e incompetencia gubernamental que, como modernos jinetes del apocalipsis, cabalgan con presunción sobre tierras bajacalifornianas. Justo aquí y ahora es tiempo de desterrarlos.
Queremos que la alegría emerja nuevamente de todos los corazones, iluminando rostros, los de todas, los de todos.
Es tiempo de construir una sociedad más solidaria, más humana, en donde priven la fraternidad y la camaradería.
Es tiempo de sumarse a la construcción de una nueva República, democrática y justa.
Somos la mayoría los que queremos un cambio real, pacífico y democrático.
Es tiempo de movilizar a la sociedad toda en esta lucha por hacer realidad esta visión de futuro alternativo.
Es tiempo de ejercer el derecho del pueblo a gobernar.
Invitamos a jóvenes, mujeres, adultos mayores, ciudadanos, ciudadanas, a la sociedad en su conjunto, a caminar con determinación hacia adelante, a que empleemos el vibrar del corazón, la fuerza de nuestro espíritu de cambio, la inteligencia de nuestra razón y el poder de nuestro voto ciudadano.
Avancemos hombro con hombro, con nuestros pies firmes en la tierra, alas en el corazón, sueños en la mente y manos que trabajan para alcanzarlos.
La autoridad moral de una sociedad la hace libre y consciente para decidir su destino.
La historia está de nuestra parte y el porvenir espera este momento. Llegó la hora de refundar Baja California.