Renueva en su Totalidad la Colección del Museo Ruso

Por María Esther Beltrán Martínez / Colaboradora / Argonmexico

 

ANDALUCÍA, Esp.-  La historia de la familia Románov en todo su esplendor se presenta en las salas de la  Colección del Museo Ruso de Málaga. La renovación  en su totalidad con la exposición anual ofrece una exposición exhaustiva y única; que hasta la fecha, no se había podido  reunir en Europa occidental.

Una muestra tan completa sobre este periodo de la historia rusa a través de 247 obras de un periodo que abarca desde el siglo XVII hasta principios del siglo XX, ejecutadas con diversas técnicas, de diferentes formatos y géneros.

Coincidiendo que se cumplen cien años de la caída de la monarquía Rusa, por la abdicación del zar  Nicolás II el dos de marzo de 1917, como consecuencia de la revolución de febrero, se cambia la obra y se exhibe La Dinastía Románov.

Yevguenia Petrova, directora de investigación, explica que la dinastía Románov (1613.1917) gobernó Rusia durante más de tres siglos, constituyó una de las casas reales más deslumbrantes de Europa.

“La familia Románov tomó su apellido de Roman Yurev, cuya hija, Anastasia Románova,se convirtió en la primera esposa de Iván el Terrible. Será los hijos del hermano de Anastasia, Nikita, quienes convertirán Románov en su apellido para perpetuar el orgullo por su abuelo Roman, padre de una zarina. Tras la muerte de Feodor I, último zar de la dinastía Rurik, se inició la llamada época de las turbulencias, que llevó al caos a Rusia durante quince años hasta que una asambleade notables eligió al nieto de Nikita, Mijail Románov. La principal misión histórica de los Románov fue modernizar el Zarato Ruso, anclado en el medievalismo, y transformando en el vasto Imperio Ruso, que sería uno de los principales actores en la arena política europea e internacional”.

Petrova indica que durante este periodo se sucedieron en el trono ruso dieciocho zares, emperadores y emperatrices. La historia de la vida de la Corte imperial rusa, digna de una trama shakesperiana, los triunfos y los éxitos se entremezclaban con las conspiraciones y los asesinatos de sesgo político. Esta abundancia de capítulos dramáticos, por otra parte, ha sido una constante de la historia tanto rusa como europea.

El legado que deja los Románov fue la construcción de palacios y templos, la fundación de instituciones artísticas y educativas y dinamizaron las industrias y el mercado del arte, actuando como mecenas de los mejores arquitectos, pintores y escultores rusos o invitando a eminentes artistas extranjeros.

La investigadora destaca que la Academia Imperial de las Artes, bajo la égida de los emperadores, orientó naturalmente su estética a la de sus patronos. “El Barroco isabelino, el Clasicismo de Catalina o el Estilo Imperio de Alejandro entraron en la historia del arte ruso como un importante fenómeno que determinó en gran medida la iconografía de unas épocas marcadas por es esplendor y las revueltas.

La exposición dividida en secciones se incluyen retratos solemnes, pinturas históricas y de batallas, vistas de Moscú y de San Petersburgo, mobiliario palaciego y servicios de porcelana, iconos y relojes, estudios de monumentos y trajes de época”.

El visitante se enfrenta a la historia de tres siglos de la era Románov, presentada en secuencia cronológica: desde los acontecimientos de la llegada al trono en 1613 con Miguel I para poner fin a una época de turbulencias desencadenado por la muerte de Iván el Terrible, para desaparecer, cruentamente, con la revolución rusa de 1917 y el asesinato del zar Nicolás II y su familia en 1918.

El poder ver está exposición es disfrutar de la belleza de decenas de retratos de zares, emperadores y emperatrices rusos, así como de otros miembros de la dinastía Románov que son artífices de la riqueza con la que vivían y la exuberancia en su vestuario. Recordemos que mientras más brillos y piedras tenían los vestuarios se determinaba el peso de cada casa real.

Entre las piezas únicas que encontramos son las puertas reales de la iglesia de la mártir Catalina del convento de Smolni en San Petersburgo, de estilo barroco isabelino y diseño del renombrado arquitecto Francesco Bartolomeo Rastrelli; la vajilla de porcelana Gúriev, obra maestra del Estilo Imperio de Alejandro, vestidos de plata con que se obsequiaba a los emperadores Nicolás II y Alejandra Fiódorovna fusilados en 1918 por los bolcheviques. En 1998 sus restos fueron enterrados en la catedral de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo. El 20 de agosto de 2000 la iglesia Ortodoxa Rusa canonizó a Nicolás II y al resto de integrantes de su familia como mártires

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