miťrcoles, 29 julio 2015

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La Leyenda de la Calle de la Quemada

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Por Ciudadanos en Red

Argonmexico.com / Sucedi√≥ en la capital de la Nueva Espa√Īa por el a√Īo de 1550, en que lleg√≥ a estas tierras un rico espa√Īol, don Gonzalo de Espinoza Guevara, acompa√Īado de su hija Beatriz, de extraordinaria hermosura, que contaba con unos veinte a√Īos por aquel entonces.

Muchos fueron los caballeros de alta posici√≥n que figuraron en la corte de admiradores que solicitaron la mana de do√Īa Beatriz, pero ella prefiri√≥ a un noble joven italiano, don Mart√≠n de Esc√ļpoli, Marqu√©s de Piamonte y Franteschelo, al que conoci√≥ en una reuni√≥n dada en el palacio por el Virrey don Luis de Velazco.

La virtuosa do√Īa Beatriz amaba a aquel caballero de una manera intensa, lo quer√≠a con una pureza fuera de lo vulgar y como don Mart√≠n sent√≠a el amor de manera distinta, fascinado por tanta hermosura, do√Īa Beatriz viv√≠a atormentada.

Era necesario que su amado dejara de quererla, era preciso que aquellos encantos f√≠sicos dejaran de esclavizar al enamorado italiano. Para ello tom√≥ heroica resoluci√≥n; despach√≥ de la casa a toda su servidumbre un d√≠a en que sus padres estaban fuera de M√©xico se encerr√≥ en una pieza en la cual babia un brasero con mucha lumbre, que era lo que necesitaba para realizar su atrevida haza√Īa.

Se puso de hinojos ante la imagen de Santa Lucia para que le diese valor y no claudicara en aquellos momentos su flaca naturaleza. El doloroso sacrificio de quemarse el rostro se consum√≥ no sin que sus lamentos y gritos ante dolores agud√≠simos, hicieran que llegara Fray Marcos de Jes√ļs, mercedario que la oy√≥ en los momentos en que entraba en la casa, encontr√°ndola recostada en un ampl√≠o sill√≥n, vestida de blanco, cubierta la cara con una obscura loca, y de los antiguos ojos de la doncella, que hab√≠an sido verdaderamente seductores s√≥lo quedaba una expresi√≥n vaga, apareciendo como dormidos.

El amado de aquélla cristiana mujer lo supo todo por el fraile mencionado. Despavorido corrió a cerciorarse del acontecimiento, encontrándose con el cuado que acabamos de describir. Sintió tocada su alma de idealismos celestes, abrazó a su novia, se sobrepuso a las miserias de la carne y enamorado más que nunca de Beatriz, la hizo su esposa.

El vulgo que conoci√≥ de este suceso, que por ver√≠dico se tiene, llam√≥ a la calle donde vivi√≥ Beatriz "Calle de la quemada‚Ä̂Ķ Esta calle corresponde el d√≠a de hoy, a la 8¬™ de Jes√ļs Mar√≠a.

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