Hidalgo, Destino Económico que Muere de Hambre

Por Adamina Márquez y Sergio Pasarán / Colaboradores Especiales

Primera de Dos Partes

Argonmexico / PACHUCA, Hgo.- Hidalgo pretende ser el nuevo destino económico de México, o así reza la campaña lanzada por el gobernador priísta Omar Fayad Meneses, quien este año se ha jactado de lograr 13 mil millones de pesos en inversión extranjera para el estado.

El objetivo, según ha informado, es atraer capitales extranjeros para generar empleos, el mismo discurso utilizado por su antecesor Francisco Olvera y, antes de él, por Miguel Ángel Osorio Chong.

Sin embargo, el costo de esta política es demasiado alto, pues mientras el gobierno estatal destina millonarios recursos para aplanarle el terreno a la iniciativa privada, se olvida de invertir en infraestructura y programas para los campesinos hidalguenses que se mueren de hambre, de enfermedad: de pobreza.

Cuando Flavia Hernández tiene suerte, su día comienza a las seis de la mañana. Hoy es un día de esos. Ella encontró trabajo en el corte de milpa, así que tiene que apresurarse para llegar temprano y no perder su lugar. A tientas, se arregla y prepara algo para el desayuno: un café medio pintado, lo único que tiene en su humilde despensa, y nada más.

Media hora después sale de su casa para ir a limpiar los surcos, no volverá hasta después de las 5:30 de la tarde. No lleva lonche, ni torta, ni agua, ni nada; sólo sus manos para trabajar. Este día de labor en el campo le asegura un sueldo de 50 pesos, con lo que deberá alimentar cuatro bocas: la de su hijo de 2 años, las de sus dos abuelos y la suya propia. Hoy, Flavia ha tenido suerte.

Dos o tres veces por semana puede encontrar trabajo en el campo, pero este año ha sido particularmente difícil, las heladas casi han acabado con los sembradíos y se han llevado las oportunidades laborales consigo. Así que Flavia está disponible para lo que caiga, si quiere comer y dar de comer a los suyos tendrá que aguantar un trabajo extenuante con una remuneración por debajo del salario mínimo. Es la historia de su vida. A sus apenas 30 años de edad, no conoce otra condición que no sea la de pasar hambre.

Junto con su familia, habita en un jacalito de 5 x 4 metros. Todo en él es endeble: las láminas del techo, las paredes de carrizo y lodo por las que se trasmina el agua en tiempo de lluvias y el frío en invierno; el fogón es de barro, la cama de madera está cubierta por un sencillo metate. Como muebles solo tiene tres bancos de plástico y una pequeña mesa.

“La cama es alta porque en tiempos de lluvia se nos mete el agua, entonces, para que no nos mojemos, las hacemos altas, para que el agua pase por debajo”, especifica Flavia al mostrar la base que se levanta a medio metro del suelo. El piso sí está cementado, así que a un costado de la puerta, una placa metálica presume: Piso Firme. Gobierno Federal. Pero es lo único con lo que cuenta. Su barrio no tiene conexión a la luz eléctrica, al agua potable ni al drenaje.

“Cachamos el agua de lluvia para hacer nuestras cosas, pero no podemos utilizarla para todo porque luego los niños se enferman cuando la usamos para cocinar. Tenemos que ir por agua al pozo, a un kilómetro de aquí. La de lluvia la dejamos para lavar la ropa y bañarnos”, cuenta la vecina y amiga de Flavia, Florentina Hernández Vite.

Ella también tiene una hija pequeña; su prima, con la que vive, un bebé de un mes de nacido. Ambas se las arreglan solas para salir adelante. “Mi marido se ha ido de contrato a Sinaloa por tres meses, a la pisca, se fue porque allá les pagan 100 pesos el día y aquí 80, es un poco más, pero no mucho; a veces cuando regresa y me da dinero na´ más pasa por mis manos, porque tengo que pagar lo que pedí prestado mientras él se fue”.

El caso de Flavia, de Florentina y de su prima no es aislado. En Hidalgo, seis de cada 10 habitantes se encuentran por debajo de la línea de bienestar, no cuentan con los recursos económicos suficientes para adquirir los bienes y servicios con los cuales satisfacer sus necesidades básicas, alimentarias y de otro tipo, según especifica el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Una de las zonas con mayores carencias y rezago social en la entidad es la zona de la Huasteca, de donde son estas mujeres. Las tres viven en el municipio de Tlanchinol, donde las estadísticas son aún más alarmantes. Aquí, ocho de cada 10 habitantes están catalogados con un alto o muy alto grado de marginación; es decir, ni si quiera pueden asegurarse el alimento diario.

En peores condiciones que las de Tlanchinol están en el vecino municipio de Huejutla, uno de los cuatro ayuntamientos con mayor desigualdad económica, con 0.5 en el coeficiente de Gini, asegura el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

“Mucha gente se muere por lo mismo, porque no hay dinero, no hay trabajo, no hay maíz, nada”, cuenta Lucía Acosta. “Apenas se murió una señora, suegra de mi vecina. Le dijeron en el centro de salud que tenía apendicitis, la operaron pero no quedó bien, la señora se quejaba del dolor. La llevaron hasta el hospital de Huejutla, pero la dejaron en el pasillo porque no había camillas. Después de 15 días, la doctora se dio cuenta que por la herida le salía orina, ¡orina! Se murió a los dos días”.

Los campesinos de la zona de la Huasteca no tienen para comer y menos para curarse. Sin embargo, el gobierno de Hidalgo se jacta de haber mejorado el acceso a los servicios de salud a través del Seguro Popular. En 2015, la administración de Francisco Olvera reportó que el número de personas con acceso al sector salud pasó de 66 a 83 por ciento. Gabriela Hernández desdice esta versión.

“Pues tenemos el disque Seguro Popular, pero nada más nos dan la consulta, no nos dan los medicamentos, esos los tenemos que comprar. Con el seguro (Popular), según que tenemos que pagar la mitad de los medicamentos pero a veces ni eso, porque como no los tienen en el centro de salud pues los tenemos que comprar nosotros. Apenas fui porque mi niña se enfermó, me cobraron 70 pesos. Aparte, tuve que comprar las medicinas que ahí no tenían”.

Como todas las mujeres campesinas de la Huasteca, Gabriela gana 50 pesos al día, 30 pesos menos que los varones. Para las madres solteras como ella, la situación se vuelve aún más vulnerable. No les queda de otra, embarazadas o con hijos a la espalda tienen que trabajar. Si se enferman no comerán o pedirán prestado a sus vecinos para comprar las medicinas, aunque sólo se trate de 70 pesos.

Por ello, aunque Omar Fayad Meneses lleve apenas 10 meses en el gobierno del estado, Gabriela ya siente una peculiar aversión hacia su administración. Esta campesina de apenas 25 años de edad, menudita y pequeña, acusa alto y fuerte que Fayad le prometió, cuando anduvo en campaña por Tlanchinol, que trabajaría para los campesinos, pero que de eso no ha visto nada.

“Él dice que no hay pobreza, pero hay pobreza y mucha en Hidalgo. Que se fije, que se dé cuenta, cuando quiere los votos aquí está y no se da cuenta de cuánta gente vive en la pobreza, mientras él viva bien allá está bien, allá se las arregla, él come bien, vive bien, ¿y nosotros qué?”.

Gabriela no lo sabe, pero mientras cuestiona y acusa, al otro lado del mundo, enfundado en un traje azul marino, corbata a rayas y zapatos bien lustrados, el gobernador Fayad brinda en Viena por un acuerdo millonario con la empresa Global Housing Solution, que inyectará al estado 903 mil millones de pesos (mdp) en la edificación de su empresa.

Continuará…