Grandes Retos del Nuevo Gobierno en Política Exterior

Por Jesús Alberto Cano Vélez *

Argonmexico / Para los mexicanos que apoyaron con su voto a Andrés Manuel López Obrador el pasado 1 de julio, la inminente llegada al poder de un gobierno de izquierda que ha ofertado el combate a la inseguridad, a la corrupción y la impunidad de manera central, constituye un motivo de esperanza, de lograr en los hechos las palabras del malogrado sonorense Luis Donaldo Colosio, en el sentido de que “México no siga intentando soluciones que solo permitan el crecimiento acelerado y cancelen las posibilidades de reforma social o de realización de los valores humanos”.
A 24 años de distancia, las palabras de Colosio que siguen teniendo plena vigencia, enfrentan hoy día, en materia de política exterior, complejidades mayores que conviene analizar con detenimiento y objetividad. Un primer aspecto, es el entorno latinoamericano.

Mientras que en las pasadas dos décadas esta región vivió el gran auge de la izquierda, cuando en nuestro país, el neoliberalismo se manifestaba a plenitud, hoy la situación es diametralmente opuesta. La llegada de un gobierno de izquierda en México en un momento en donde los principales países de la región están atendiendo la tesis del péndulo, yendo hacia la derecha, nos coloca en una posición a contracorriente, en donde nos tocará jugar de forma individual en el concierto regional de éstas naciones, un aspecto que no podemos dejar de considerar.

Otro aspecto sobresaliente es la división de poderes; uno de los retos más importantes del próximo gobierno, será saber manejar los tiempos y formas. A pesar de las mayorías logradas en el Poder Legislativo, será trascendental saber aprovechar el bono democrático, la apabullante mayoría respetando las formas; un reto difícil, cuando es sabido que habrá propuestas que encontrarán reticencias y se podría tener la tentación de buscar intentar sortearlas por el camino fácil de la mayoría.

No debiera hacerse porque el bono democrático es poderoso pero también volátil. El gobierno de Vicente Fox es un ejemplo de cómo puede acabar muy pronto. Mientras que, si el actual gobierno llega con la suficiente fuerza, y a pesar de ello respeta los tiempos, podría ganar enorme legitimidad. Si asume con madurez el poder logrado puede y debe hacerlo.

Un aspecto más que no podemos dejar de lado, son los cuatro meses que aún le quedan al actual gobierno, en los que habrá tratados y acuerdos pendientes y posibles de firmar. El TLCAN es el principal de todos. Se habla de que éste podría firmarse en las próximas semanas. Interesante analizar los beneficios y/o perjuicios de una firma en este tiempo de transición, que si bien, es perfectamente legal, podría dejar secuelas de consecuencias difíciles de manejar. ¿Quién pierde o quién gana con una firma en este momento? La mera pregunta constituye un reto a dilucidar.

Para Trump, una firma “a modo” del TLCAN, podría significarle un bono electoral frente a las inminentes elecciones del próximo noviembre en su país. Las cartas diplomáticas de ida y vuelta entre ambos personajes políticos, el volátil Trump y el virtual presidente electo López Obrador, no son más que acciones de diplomacia internacional que poco o nada tienen que ver con la Realpolitik de un tratado de fuerza coercitiva, que no debemos perder de vista.

Otro reto fundamental en nuestra agenda con Estados Unidos es la seguridad, un tema en donde hay una gran opacidad. Mientras que en el país vecino la institución que se ocupa de este tema es el Departamento de Seguridad Interior (United States Department of Homeland Security, abreviado como DHS); en nuestro país, si seguimos el más estricto protocolo no hay mucha claridad al respecto.

Sabemos por los hechos, que la institución interlocutora a partir del presente gobierno federal es la Secretaría de Gobernación, pero durante el gobierno de Felipe Calderón lo fue la Secretaría de Relaciones Exteriores que, en el marco de la Iniciativa Mérida dejó a las agencias de seguridad estadunidenses, hacer y deshacer en nuestro país. No hay mayores datos en el legislativo, qué decir en la ciudadanía.

A partir del gobierno de Calderón, en materia de seguridad hay mucha opacidad en nuestra relación con Estados Unidos. ¿Cuántas agencias de seguridad estadunidenses trabajan en nuestro país? ¿Cuáles son sus atribuciones y su ubicación? No hay información incluso para el Senado, de éstos datos. Qué se ha acordado y qué no.

Por ejemplo, en materia de protocolos en narcotráfico, qué información se comparte y cuál no. Ese será otro reto a asumir para el gobierno de la cuarta transformación, incluso frente a una posible amnistía a la delincuencia organizada, o legalización de algunas drogas hoy penalizadas. Información es poder.

Una buena política exterior en materia de seguridad tiene que definir esos roles, esas atribuciones. Esto nos lleva a pensar en la necesidad de tener un mejor arreglo de las instituciones que van a coordinar nuestra política exterior.

Con base en esos aspectos estructurales, derivarán otros de fundamental importancia como nuestro papel respecto a los migrantes centroamericanos. AMLO propone un relanzamiento de nuestra relación con América Central, esto frente al fracaso de gobiernos anteriores del PAN que intentaron lo mismo. ¿Lo logrará?

Finalmente, en la relación con los gigantes asiáticos, México es el país menos fuerte de América Latina; este reto no es el último, aunque sí en este recuento de urgencias en política exterior. Priorizar nuestra relación con China, no voltear a ver ni actuar en consecuencia frente a ese gigante de la economía mundial, lo único que evidenciará es que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Al tiempo.
@acanovelez

*Economista