Devaneos

*¡Goles, Goles, Goles!

Argonmexico / Y la Selección Mexicana ganó, nadie lo esperaba, pero nada es más grande que la voluntad de hacer bien los deberes que nos importan; buen regalo para los papas mexicanos en su día.  Los mexicanos nos convertimos en un nosotros –como dice Krauze- todos celebramos.

Mientras el partido sucede me gusta caminar por las calles vacías, de cualquier forma me entero cómo va el partido; de las casas y restaurante surgirán los lamentos o los vítores que anuncian lo que ahí pasa. Las celebraciones son en grande, se empezó a asistir al Ángel, ahí por 1988 me acerque a uno de estos eventos, cuando todavía no sucedían agresiones, vandalismos, ahora no lo haría, es un riesgo acercarse a esos tumultos, han sucedido robos, violaciones, vandalismo, conductas que no dejan participar con tranquilidad estas celebraciones. Los guardines del orden deben alucinar estos actos que van desde cuidar que no destruyan los jardines ni maltraten nuestro emblemática Victoria Alada, mejor conocida como Ángel de la Independencia. Ahora en cada ciudad tienen su lugar para reunirse.

La literatura  no está exenta del tema del futbol, muchos escritores, intelectuales, son muy aficionados de este y otros deportes, pero definitivamente el futbol soccer es el más popular me atrevería a decir que a nivel mundial. En México se juega en todas las escuelas, los baldíos tienen periódicamente niños y adolescentes echándose una cascarita como le llaman en nuestro país a la práctica informal. El historiador Carlos Calderón Cardoso en su Anecdotario del Futbol Mexicano cuenta que a principios del Siglo XX, ante lo costoso de los balones y el difícil acceso para jugar futbol de manera institucional, los niños – en el Distrito Federal- jugaban futbol callejero con una naranja a la que se le hacía un hoyo pequeño para sacarle el jugo y así poder patear el esférico sin quedar salpicado o pegajoso.

En otros lugares como Guatemala la historia es similar, aunque ahí le dicen “chamuscas” a las cascaritas porque a principios del Siglo XX había poca iluminación en la calle y le tenían que prender fuego a la pelota para no perderla de vista. Eso debe haber sido complicado, pues se les debe haber apagado continuamente. Cada país tiene su forma de nombrar está practica: Brasil: pelada; Argentina: picado; Chile y Perú: Pichanga; Estados Unidos Pickup soccer; Inglaterra: Kick About…

Krauze también nos platica los catorce mundiales en el que ha tenidos diversas alegrías y no pocas desdichas, escribe su artículo antes de nuestro triunfo sobre Alemania y los anima a salir con todo, cosa que hicieron y lograron, finaliza diciendo que el destino nacional no depende ni remotamente, de estos muchachos. Pero hay que celebrar la inocente comunión del futbol porque nos recuerda fugazmente que somos un nosotros. Ojalá esa convicción se transfiera a la vida colectiva, espectáculo que ocurre antes y después del breve paréntesis de destreza, inteligencia y arte, apto para todas las edades: el futbol.

Juan Villoro ha escrito nada menos que un libro titulado Dios es redondo, del cual Pablo Nacash en un artículo publicado en Letras Libres apunta que empleando un estilo ágil que combina la crónica periodística con reflexiones sociológicas siempre sugerentes, las jugosas anécdotas personales con lo escuchado, lo vivido y lo sentido en su labor cotidiana, Villoro nos regala, en definitiva, un sentimiento que respira pasión por cada poro del papel y que exterioriza en este libro “auto-reparador” con singular alegría: su irrenunciable amor por el futbol. Obvio este lunes 18 público un artículo en el suplemento Cancha del periódico Reforma titulado “El sueño de los héroes” en su último párrafo escribe: “En 1970 a los catorce años, soñé que México le ganaba a Rusia en el partido inaugural del Mundial. En 2018 vi jugar a México contra Alemania, y seguí soñando.

No es extraño que ahí se analice que el futbol sucede dos veces, una en la cancha y otra en la mente del público, aunque eso pasa con todas las experiencias humanas, mirar desde nuestras vivencias personales, marcadas desde la infancia, quizá más atrás viajando a través de los genes

Creo que casi todos nuestros hábitos alimenticios, entretenimientos y pasiones se gestan en la niñez. No importándome el futbol, le voy al Atlante, porque mi papá y mis tíos eran sus fervientes seguidores.

Por casualidad vi una parte de un documental sobre Maradona y pude apreciar unos goles imposibles que realizo, ahora comprendo –solo un poco-  por qué ese culto fanático al futbolista, lástima que sus adicciones acabaran con su carrera.

Y como dónde hay pasión hay poca o nada de razón aconsejando, se rompen límites y en cientos de encuentros se generan hostilidades, golpes y hasta muertos, provocado por lo exacerbado de la tontería. Juan Villoro y muchos los llaman héroes, no es para tanto, sólo son hombres con habilidades para el juego del futbol, muy bien pagados, entrenados, alimentados y simplemente deben hacer –no tienen pretexto-  un excelente papel allá a donde tienen el honor de representar a México. ¡Qué bien que este domingo pasado destacaron! También muchos de los fanáticos; desgraciadamente fue con su pésimo comportamiento, gritaron majaderías, quemaron una bandera alemana –ojalá no hayan sido más- que pena que exhibimos nuestra tremenda incultura a la menor provocación. Nuestro compromiso es con un futuro de superación y avance en todos los aspectos, piensen bien su voto, no queremos quedarnos en donde estamos, mucho menos ir para atrás.