Aroma de Chantaje

Percepciones por Eduardo Trejoargonmexico.com / El penoso anuncio de Calderón referente al incremento de 14 a 20 millones de pobres en extremo (que escasamente obtienen recursos para comer) en nuestro país, lleva un sólo propósito con aroma de chantaje, que el dos por ciento de impuesto al consumo que propuso en su reforma fiscal, será etiquetado para los más pobres y de esta manera frenar su crecimiento.

 

Todas las instituciones acreditadas nacionales y extranjeras indican que en México cada día son más poquitos los ricos con mucho y más los pobres con poco.

Los privilegiados representan el 10 por ciento de la población, cuyos ingresos equivalen a cuando menos el 40 por ciento de la riqueza nacional; mientras que 60 de cada de los más pobres recibe apenas la cuarta parte del PIB. De éstos, 11 millones sobreviven en casas con pisos de tierra y 2 mil pesos al mes.

Calderón no pierde oportunidad para insistir en que si el Congreso no autoriza ese incremento en los impuestos, la debacle será mucho mayor y el Legislativo será el único responsable. Es obvio que el Congreso está conformado por una pluralidad ideológica y que, gracias a esta, podremos retomar el mejor curso para el país y, como en todas las instituciones, hay buenos y malos.

En ese sentido, no es justo que se le cargue todo el muertito de la responsabilidad, y menos cuando el paquete fiscal que presenta el Ejecutivo no resuelve un dolor de cabeza ni siquiera como lo haría un “Mejoralito”.

Los chantajes ya están desgastados y no convencen a nadie. Al inicio del ya famoso “catarrito”, se nos dijo también hasta el cansancio en la tele, que esta debacle es causa de “la crisis que llegó de fuera”, casi como decir: que los nueve millones de migrantes mexicanos que año con año se van al vecino país por falta de oportunidades, son pura fantasía.

Lo grave del asunto es la terquedad. Aumentar impuestos en tiempos de crisis es un error muy grave, lo dijeron tres premios Nobel de Economía; las grandes calificadoras mundiales; lo afirman los directivos de los más importantes organismos internacionales, etcétera.

Nunca es conveniente castigar el consumo cuando lo que se requiere es incrementarlo como vía necesaria para la generación de empleos. El impuesto al consumo genera parálisis productiva, la contracción del mercado interno y el aumento del desempleo.

No es momento de gravar el consumo generalizado, incluidos los alimentos chatarra, mucho menos los básicos primarios. Ahora, tendremos que fortalecer el mercado interno, después se gravarán los refrescos y alimentos chatarra que tanto daño provocan desde temprana edad –baste ver cuánta niñez diabética tenemos- y que le generan al erario vía salud pública demasiado costo.

Por lo pronto, es necesario que ya no se gaste tanto en la tele y se apriete este gobierno el cinturón, y en paralelo, tendremos que revisar el modelo económico para encontrar soluciones, y si estas requieren cambios a fondo, es el momento. Pero no más engaños ni chantajes.

eduardotrejo_s@yahoo.com

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