Las sorpresas de Regina

zocalosecturokPor Ángeles González Gamio

argonmexico.com/ Resulta increíble que el Centro Histórico continúa brindando sorpresas todos los días. Un caso especialmente notable ha sido la calle de Regina y sus alrededores. Un largo período estuvo con aspecto de bombardeada, mientras se llevaban a cabo las obras que le iban a brindar una nueva imagen urbana, lo que incluía la renovación de las entrañas. Esto significó la colocación y restitución de todas las instalaciones subterráneas, palabras mayores.

Una vez concluidas las obras, con pavimento y banquetas nuevas, se inició la restauración y pintura de fachadas y la sustitución de anuncios y letreros antiestéticos. La vía se tornó peatonal y ello ha dado lugar a una oferta de departamentos en edificios primorosos y que broten por doquier, cafés y barecitos de jóvenes en donde se puede escuchar música, establecimientos que conviven con las cantinas y cafés de tradición. Así, la calle tiene gran vida de día y de noche.

El paseo por la calle de Regina conviene comenzarlo en la plaza que alberga el precioso templo que bautiza la vía, que fue parte de un enorme convento fundado en 1573 por 10 religiosas que salieron del convento de La Concepción, el más antiguo de la ciudad. En el exterior llama la atención la desnudez de los altos muros del templo, pintados de color amarillo, sólo interrumpida por las dos portadas gemelas, características de los conventos de mojas. Sobresalen su campanario de tres cuerpos y la cúpula octagonal. Esta austeridad difícilmente permite imaginar las joyas que se encuentran en el interior, comenzando por el altar mayor, obra notable del barroco.

Pero la alhaja mayor es la capilla dedicada a la Inmaculada Concepción, que construyó en 1733 el arquitecto Miguel Custodio Durán, por instrucciones y a costa de don Buenaventura Medina Picazo, quien aparece retratado en uno de los cuadros. La extraordinaria obra arquitectónica está techada con bóveda de cañón y al centro con una bella cúpula ochavada; hermosas pilastras con bases profusamente decoradas sostienen el conjunto. El retablo principal está adornado con magníficas pinturas de Villalobos.

Esta institución religiosa contaba, antes de que se aplicaran las leyes de exclaustración, con 62 casas para su sostenimiento, que le producían jugosas rentas pues ocupaba un terreno de “quince mil quinientas varas cuadradas”. A la salida de las monjas, esta enorme extensión fue dividida y vendida en lotes, donde se edificaron casas, salvándose una parte que la altruista doña Concepción Beistegui convirtió en un hospital, que recientemente se volvió asilo de ancianos.

Después de regocijarse con la vista de estas bellezas hay que dar una caminada por la calle y quizá tomar el aperitivo en alguno de los nuevos lugares. Para la comida, puede uno dirigirse a la cerrada de San Jerónimo, número 24, para comer en el Zéfiro, restaurante-escuela, que abrió recientemente la Universidad del Claustro de Sor Juana, en un sitio singular: la antigua celda de la marquesa de Selva Nevada. La opulenta señora era dueña, entre otros, del palacio que hoy ocupa el Museo de San Carlos, obra de Manuel Tolsá, mismo arquitecto a quien le encargó, cuando quedó viuda y decidió profesar en el convento de Regina, que le construyese su “celda”, que como verán es una suntuosa construcción en estilo neoclásico.

El menú del Zéfiro cambia semanalmente y es riquísimo. Todos los estudiantes de la carrera de gastronomía tienen que pasar por ahí, bajo la supervisión de dos chefs expertos y un gerente de alimentos. Por ahora sólo abre de lunes a viernes para comidas, pero anuncian que pronto ampliarán horarios y días.

¿Qué les parece el menú de esta semana?: ensalada de mousse de brocoli, sopa de pescado estilo Mochis, brochetas de cerdo con adobo de pasilla y arroz verde y de postre, trío de guayabas relleno de tapioca con biscocho de mantequilla y helado de hierbas aromáticas. Además de chiles en nogada que ofrecen durante todo el mes.

* gonzalezgamio@gmail.com

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